sábado, 22 de diciembre de 2012

DE LA INDIGNACIÓN A LA REVOLUCIÓN INTEGRAL



Laura Domínguez Rosado, socióloga y formadora

lauradrosado.wordpress.com
Hacía tiempo que se sentía la tristeza oprimida, consecuente con el empeoramiento de las condiciones sociales, el denigrante aumento del mapa de la corrupción y los recortes económicos ante el estupor de la ciudadanía. Era de extrañar que no hubiera más protestas masivas antes del 15 de mayo de 2011.
A partir de la explosión de movilizaciones y acampadas, el 15M ha facilitado la reflexión colectiva, la toma de conciencia de las dificultosas condiciones en que convivimos, un aprendizaje colectivo de los métodos asamblearios, entre otras cuestiones. El 15M ha significado una lanzadera para el encuentro y el surgimiento de nuevos movimientos sociales activos, más allá de las movilizaciones puntuales que ya estaban previstas por “los poderes”. Movilizaciones que, por otro lado, han sido y son muy convenientes para algunos sectores políticos y económicos, siendo un arma de doble filo. No olvidemos qué sucedió con las masas indignadas en la Alemania nazi. Actuar desde la emoción es arriesgado, porque nos volvemos muy manipulables cuando estamos tan a flor de piel. Ahora, desde la madurez del movimiento, los grupos de trabajo se han expandido en barrios y pueblos, dando fruto su trabajo, por ejemplo impidiendo desahucios a familias por parte de los bancos.
Pero, ¿cómo un movimiento tan heterogéneo, surgido de la indignación y el dolor oprimido, puede canalizar de manera constructiva ciertos cambios globales? Empoderamiento es una palabra clave en este proceso y es la capacidad de intervenir en nuestras condiciones de vida a través de su conocimiento.
Pronto surgieron divergencias; ¿qué cambios sociales queremos?, ¿cómo facilitarlos?, ¿hasta dónde queremos llegar para conseguirlos? Las respuestas a estas preguntas han sido las que han ido conformando el nuevo mapa de movimientos sociales, cohesionados o no desde las respuestas consensuadas (o consentidas), ahora sí, más allá de las movilizaciones. También han sido las preguntas, con o sin respuesta, que han desmovilizado y desmotivado a parte de la ciudadanía, que ha visto la dificultad de la situación y ha preferido mantenerse al margen. Tal vez por falta de identificación con ninguna de las respuestas, tal vez por el triunfo de la cultura basada en el miedo y la falta de empoderamiento. Tal vez, por la necesidad de reflexionar su propia respuesta, a falta de referencias y claridad sobre el contexto.
El capitalismo cognitivo
Desde algunos movimientos se considera necesario un trabajo paralelo a las acciones colectivas, que facilite el desarrollo de una cultura común, el acuerdo sobre la realidad subjetiva y cómo la interpretamos. Desarrollo que necesita, por ejemplo, un elefante en cautividad, para descubrir que tiene más fuerza que su grillete y que puede liberarse con solo decidirlo. Este aprendizaje es como una semilla que crece en algunas
mentes y corazones. En algunas ya ha brotado, en otras germina aún tímidamente, otras no ven esta semilla. Será cuestión de tiempo y sincronía, que la indignación germine en una revolución integral. Para conocer más en qué consiste la Revolución Integral, ver Félix Rodrigo Mora (vídeo)
No obstante la valoración positiva en el primer aniversario, existen sombras en torno al movimiento. En general, no solo en las acampadas y en el 15M, muchas personas han sentido y sienten estar en un experimento social, en un cálculo de nuestra capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponernos a ellas, lo que se conoce como resiliencia. En los últimos meses, bajo la continua amenaza de recortes y azuzados/as por la creciente pérdida de derechos y espacios, se siente la necesidad de entrenamiento de esta capacidad.
En teoría todos y todas tenemos claro que los cambios que queremos ver en nuestro mundo, empiezan en una ineludible revolución interior. Pero en la práctica, nos encontramos con distintos niveles de conciencia sobre la situación y diferentes metas por alcanzar. La indignación y el deseo de canalizarla en una revolución integral, se topan con sus propias limitaciones.
La asunción de las normas del mercado en nuestra manera de pensar y tomar decisiones, incluso en nuestra intimidad, son las marcas del capitalismo cognitivo en que convivimos. Dicho de otra manera, el sistema triunfa cuando consigue “colarse” en nuestra forma de ver el mundo, de comunicarnos y de codificar la información que recibimos, cuál elefante que ya no se plantea su propia liberación porque ha dejado de confiar en su fuerza y prefiere estar en cautividad.
Vivir en un sistema capitalista condiciona nuestras capacidades cognitivas, es decir, las formas en que pensamos, sentimos y tomamos decisiones. Es la base que posibilita que tengamos insertada en nuestra mente, tanto a la máquina trabajadora y productiva, como al político y al policía que nos vigila y nos castiga si no cumplimos nuestra función en la cadena de producción y consumo. De esta manera, el movimiento 15 M ha sido una llamada a todos los “elefantes”, (permítanme la metáfora nuevamente), ¿para expresarse y denunciar lo que ha sido evidente en los últimos años? O ¿para soltar sus grilletes y empezar una senda común? ¿Dónde empieza y a dónde se dirige la senda? Son las preguntas que aún están en el aire.
Acordar los mínimos
La falta de costumbre asamblearia, la falta de habilidades en la autogestión y la comunicación, fue latente por parte de muchos/as indignados/as, que por primera vez salían de las normas de la universidad o sus trabajos. Se ha hecho evidente desde entonces, la necesidad de empoderamiento colectivo. Es la oportunidad de este conflicto, la búsqueda de su resolución, la que facilita y fortifica la amalgama de movimientos sociales, vecinales, cooperativistas, reinvindicativos de todo tipo y forma, que sortean las dificultades para organizarse, facilitarse el camino y, quizá sin saberlo, trabajar su resiliencia.
De la indignación a la acción creativa
Si no creemos en las instituciones, ¿es útil invertir nuestras fuerzas en acciones políticas? Ha sido una de las preguntas que más resuenan en torno al 15M.
Reclamar los derechos sociales es algo legítimo e irreprochable, en un estado de derecho social y democrático. Ahora bien, era previsible una manifestación popular y sostenida en el tiempo, a pesar de la intensa capacidad de resistencia que supone, porque es directamente proporcional a la degradación de nuestras vidas. Algunos de nuestros funcionarios, como el actual presidente del gobierno español, ya confesaron merecer una huelga por sus políticas antisociales. Luego, sabemos que no se trata de “accidentes” inesperados, si no de funciones sistémicas muy bien diseñadas.
Visto así, ¿estamos realmente en un estado democrático, de derecho y social?, ¿tiene sentido reivindicar nuestros derechos ante los grupos estrategas que viven de organizarlos, reprimirlos y legitimarse?, ¿qué posibilidades tenemos de crecer si nos limitamos a la protesta continua entrando aún más, de esta manera, en las normas que rechazamos?
Centrar nuestra actitud en protestar y exigir unos derechos negados de antemano, es un desgaste que aumenta la posibilidad de ser criminalizados, perder la credibilidad ante quienes trabajan por construir el mundo en el que quieren vivir y una pérdida de oportunidades para crear nuevas bases culturales y técnicas, que solucionen nuestras condiciones de vida. Sabemos que el sistema financiero no vela por nuestro bienestar, luego, ¿tiene sentido enfocar nuestras energías a una exigencia legítima, pero inútil? Sin saberlo, al situarlos en el centro de nuestras emociones, les estamos haciendo más fuertes. En cambio, ¿qué pasaría si nadie tuviera sus ahorros en ninguna entidad bancaria? ¿Qué pasaría si no tuvieran clientes? Entonces querrían dialogar. Sería, tal vez, el mayor acto revolucionario: prescindir de todos ellos y dejar “a los amos sin sus esclavos”. Para que esto pueda hacerse realidad, existen iniciativas cooperativistas que trabajan para ofrecer los bienes y servicios que necesita la población, desde las cooperativas de crédito como Fiare, las escuelas libres, el acompañamiento en nuestra salud o la alimentación ecológica y libre de productos tóxicos, de producción local y sin intermediarios/as.
Como dice un proverbio Samurai: “no dejes que tu enemigo marque tu camino”.
Cooperativismo integral
Al haber nacido en la cautividad de este sistema económico, tenemos potenciales no desarrollados en los que debemos aprender a confiar. Ahora que el estado ha mostrado con evidencia su ilegitimidad, negando la soberanía del pueblo, muchos movimientos sociales se proponen una verdadera liberación, más allá de la reforma del sistema. El modelo de cooperativismo integral es una de las metas cohesionadoras que están dando sus frutos en muchas regiones españolas. Surgió años antes del 15M y ahora retoma aún más coherencia y fuerza, siendo una oportunidad para canalizar la indignación en fuerza creativa. Más allá de la indignación sumisa, el movimiento cooperativista integral y postcapitalista, responde
claramente a las preguntas antes planteadas. El camino es la liberación de nuestras vidas, emancipándonos del estado y el mercado absolutistas, aplicando la economía social para cubrir nuestras necesidades mediante el autoempleo y la organización en redes de consumidores/as y productores/as. Se trata de recuperar la dimensión ética y humana de las actividades económicas, con una economía basada en la solidaridad, la reciprocidad y el apoyo mutuo. Si buscamos la mayor resiliencia, la cooperación es la forma de organización que permite el beneficio de toda la comunidad.
Mientras sigamos consumiendo sus artículos no tenemos fuerza para exigir lo que ya tienen previsto negarnos y el mercado laboral, el trabajo es el grillete que nos mantiene sometidos/as al sistema.
En un país con millones de personas desempleadas y la generación más sobretitulada de la historia, ¿cabe seguir a la espera de puestos de trabajo en el mercado? El cooperativismo integral es un paraguas, que agrupa proyectos autónomos, que se articulan en forma de redes organizadas donde se procuran las necesidades básicas sin la complicidad del sistema opresor y sin caer en el fraude fiscal que destruiría al movimiento cooperativista. Se trata de una oportunidad de autoempleo y de crecimiento colectivo de manera liberada, que requiere compromiso y responsabilidad, así como la confianza en que podemos soltar nuestros grilletes. Para más información ver Cooperativa Integral Catalana.
Sin duda, es más saludable estar en actitud creativa, construyendo lo que queremos, que limitarnos a expresar nuestro enfado ante lo que ya sabemos que no es nuestro. Principalmente porque existen códigos preparados para criminalizar y sofocar estas protestas y porque la valentía, no está en desafiar las circunstancias impuestas, sino en ser capaces de crear las propias. La sutil diferencia es la actitud creativa, frente a la actitud indignada.
Gracias a todas las personas que con su manera de ser y estar hacen posible el cambio social que facilite una revolución integral